viernes, 20 de marzo de 2015




¡GLORIA, JULIO CESAR!






Estas palabras bien podrían pertenecer a una de mis novelas, o ser una exclamación en una obra de Shakespeare. En realidad son los nombres de dos de mis lectores. Mis lectores los llamo yo, porque ya son algo mío. Porque  representan el lector ideal, ése que todo escritor desea tener. Conocen mi trabajo, lo aprecian, lo disfrutan, lo comparten, lo esperan, me piden más…
A ellos, con sus nombres épicos, y a todos los demás que me leéis, va dedicado el último post de este blog que tengo muy desatendido porque llevo tiempo trabajando en nuevos proyectos.
Estos proyectos son la creación del sello editorial, Aristeia Press y la revista, La Conquista de Aristeia.
Veinte años después de comenzar a escribir, diez, desde que comencé a publicar con Planeta, Random House y Lübbe, estoy comenzando una aventura extraordinaria.
Ya sé lo que es publicar en una editorial grande. Ya sé cómo funcionan las cosas. Y lo más importante, ya sé cómo quiero que funcionen.

Internet ha transformado radicalmente los procesos de comunicación, publicación y marketing en muchas profesiones, pero especialmente en las de escritor y músico. La revolución cultural que está teniendo lugar está modificando entre otras cosas la relación entre el escritor y el lector. El lector se ha convertido en una voz viva y real para el escritor, en su mejor aliado. Siempre ha sido así, pero ahora, y gracias a Internet, el lector puede comunicarse de forma directa con el escritor y además dar a conocer su opinión sobre sus lecturas, no sólo a sus amigos y familiares, sino al mundo entero. ¿Qué significa eso? Que el lector es escuchado, que su opinión es advertida, considerada por otros lectores, valorada.

Pero ¿Qué es una opinión? Hay opiniones y opiniones. Los que somos mayores sabemos que la opinión de un niño no tiene mucho peso porque su juicio no está basado en el conocimiento, en la experiencia o en la educación del gusto. Es simplemente “su opinión”.  Y está muy bien, porque es lo que le gusta. Pero que le guste no quiere decir que tenga calidad. Como siempre, para que esa opinión tenga peso, valor, para que no sea simplemente “mi opinión”, necesita tener una base. Y esa base siempre se adquiere con la educación, instruyendo el gusto, afinando la sensibilidad...

Este tema no es nuevo, se lleva discutiendo desde que ciertos artistas modernos se empeñaron en romper con todas las reglas establecidas. Pensaban que lo importante era dejar volar la creatividad y crear con “lo que saliera de dentro”. Romper con las reglas es válido cuando dominas las reglas. Cuando sabes qué es X, cómo se hace, de dónde viene y aún así decides que tu prefieres hacer Y.  Porque a no ser  que seamos un genio, lo que saldrá de esa rebelión será el dibujo o el texto de un niño en la guardería: Garabatos y explosiones llenos de sentimiento e indiscutible singularidad, que sin embargo no pueden llamarse arte. Y no pueden por el bien de todos. Porque si rebajamos los estándares y decidimos que mi dibujo es tan bueno como un Renoir simplemente porque lo he hecho con todo mi corazón, y porque a mí y a mi madre nos parece precioso, la palabra arte queda rebajada. Y una vez que se pierde el norte, se pierde para siempre. O al menos para “el siempre” de muchos, que puede que no tengan tiempo en su vida de aprender a distinguir qué es lo mejor.

La explosión de creatividad que vivimos es maravillosa, pero no todo lo que se lee, lo que se ve, lo que se escucha tiene calidad. Si has crecido leyendo sagas quizá puedas establecer una opinión basada en tu gusto, sobre cuál es mejor, pero si sólo has leído eso, por muy bueno que sea leer, que lo es, te estás perdiendo lo mejor. El acceso a la cultura que tenemos hoy es inmenso, infinito casi. Hoy más que nunca es imprescindible educarse, tener criterio, esforzarse en escoger lo mejor. Porque hay mucho de todo y sin darnos cuenta podemos pasarnos la vida consumiendo lo que la cultura de masas nos ofrece y perder la oportunidad de convertirnos en adultos, o mucho más importante, la posibilidad de llegar a ser hombres.

Es un hecho que la cultura de una época define esa época. Lo creamos o no, en todas las formas de arte estlos valores de esa culturalas formas de arte est, y mucho mla cultura de masas nos ofrece y e se escucha tiene calidad. Yo no , án impresos los valores de esa cultura. La cultura es el alma de una sociedad. Y si una sociedad se alimenta sólo de programas basura, de libros basura y de cine basura, acabará convirtiéndose en un vertedero. Por eso son necesarios lectores y espectadores de calidad, es decir hombres y mujeres de calidad, que sepan distinguir entre lo que tiene valor y lo que no lo tiene. Hoy más que nunca es necesario poseer un criterio.

Antes eran las grandes editoriales quienes, en el mundo literario, ostentaban la responsabilidad de ser divulgadoras y sostenedoras de esa cultura. Pero ya no podemos confiar en su criterio porque han dejado de ser grandes editoriales y se han convertido simplemente en editoriales grandes.

Aquí es donde entramos los que aún creemos en el valor y el poder de la literatura. Los lectores (y por supuesto los escritores) somos ahora los responsables de divulgar y mantener la calidad de esta cultura. Es una cruzada contra la ignorancia, el infantilismo y la superficialidad que impera, y por lo visto apela, a la mayor parte de la sociedad.
Y es una pena porque nuestra herencia cultural es tan rica, tan variada, tan divertida, tan poderosa que dejar que se pierda, dejar que se crea que lo que ahora existe es lo único que hay es una tragedia. Me encanta haber crecido con música de The Doors, Queen, Tony Bennet, AC/DC, con películas de Marlon Brando, Steven Spielberg, Tennessee Williams, Hitchcock, leyendo y aprendiendo de Eurípides, John Steinbeck, Henry Miller, William Blake…
Uno de mis nuevos proyectos tiene como misión precisamente descubrir a todo aquel que tenga interés, quiénes son los mejores creadores de la historia. La Conquista de Aristeia es:
“Una revista que tiene como misión despertar el entusiasmo del lector para avivar su deseo de superación y ampliar la conciencia de sus posibilidades. Para lograrlo presentaré los trabajos (cine, literatura, ensayo, música, pintura, filosofía…) de quienes yo llamo Los Aristos, creadores cuyas obras han contribuido a engrandecer la idea del hombre y gracias a los cuales sabemos que es posible alcanzar la excelencia. Al entrar en contacto con sus admirables creaciones literarias y cinematográficas, con sus brillantes reflexiones filosóficas, con sus visiones, tan imaginativas como útiles y bellas, el lector no tendrá más remedio que sentirse impulsado, jubilosamente impulsado, a utilizar lo que más le interese para conquistar lo mejor de sí mismo”.


La palabra excelencia, Aristeia, es la clave de estos proyectos. En la presentación de La Conquista de Aristeia, explico por qué. Sólo complementar aquí que por muy modernos y cínicos que seamos, y lo somos, no podemos olvidar que lo que verdaderamente importa no es la cantidad sino la calidad, ni tampoco que existen cosas mejores que otras. Decirnos que el juego está perdido y que lo sensato es claudicar y entrar a formar parte de la cultura de masas va en contra de mis valores y los de mis lectores. Pero no todo está perdido por supuesto. Los grandes artistas y los grandes divulgadores de cultura siguen existiendo. Sigue habiendo editores que tienen como meta ofrecer calidad y buen entretenimiento. En España tenemos la suerte de contar con El Acantilado, Siruela, Cátedra, Impedimenta o Libros del Asteroide. Es ahí donde tenemos que buscar nuestro alimento.

Nuestro grano de arena es Aristeia Press, una editorial formada por personas que creen en el poder de la literatura y cuya meta es ofrecer novelas que inspiren, iluminen y entretengan mientras desafían nuestras ideas y creencias. En Aristeia Press queremos publicar sólo libros que aporten grandeza y profundidad, vida en su sentido más apasionante y sublime.
Este proyecto tiene un valor inmenso, especialmente para mí, porque aparte de publicar mi trabajo y poder controlar todo el proceso editorial, algo con lo que llevaba soñando desde que empecé a escribir, es una oportunidad para dar a conocer libros olvidados que aúnan calidad literaria, profundidad y diversión.

Es, como digo, un grano de arena en un universo de barro, pero es un hecho que siempre existirán hombres y mujeres en busca de lo mejor de sí mismos, hombres y mujeres que siguen creyendo con entusiasmo en el poder y la magia de la buena literatura. No buscamos cantidad sino calidad. Algo que cada vez es más difícil de encontrar. Nuestro objetivo no es mantener una cuenta de resultados o conservar un empleo. Somos libres, independientes. Nos mueve la superación, la inspiración, la intensidad, la sabiduría, el deseo…

Estos son mis nuevos proyectos, a los que invito a todo aquel que esté interesado a investigar y conocer qué pueden ofrecerle.

Conformarse, venderse, estancarse no son palabras que entren en mi vocabulario. Las posibilidades están ahí y son inmensas, grandiosas. El mundo está cambiando y el rumbo que tome dependerá de lo que hagamos con lo que tenemos, de las herramientas que usemos para evolucionar y revolucionar la nueva idea de hombre. Ese hombre está creándose ahora mismo. Somos nosotros, ahora.

Queridos Gloria y Julio Cesar, queridos lectores ideales del mundo entero, ejercer vuestro poder, porque de vosotros depende el futuro de nuestra cultura.

Esta cita de William Blake alienta con poderosa simplicidad y belleza el anhelo de independencia que nos impulsa y el grado de excelencia al que aspiramos: “Ninguna ave se remonta demasiado alto si vuela con sus propias alas”. Volemos.

Os espero en La Conquista de Aristeia y Aristeia Press.






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